He escrito tantos poemas como reclamaciones en mi cabeza; todos ellos son inútiles, su pecado es quedarse en palabras. Sólo sé que mi reserva de paciencia se agota y que mi deseo no es desahogarme con algún otro hombro femenino para tranquilizarme. Esta vez no puedo traicionar la claridad con que siento mi necesidad de ser independiente. De vivir, según mis reglas y bajo mis propias limitaciones; con toda la responsabilidad que ello implique; sólo ábranme la puerta y caminaré decidida hacia mi tranquilidad. Puede sonar azotado pero es más real que toda necesidad cómodamente cubierta en mi status actual. He crecido y me he creído suficientemente quién soy como para darme cuenta de que esto es una traición a lo que quiero: los domingos diplomáticos, atada con grilletes a una mesa repleta de comida, forzada a seguir alguna conversación sosa, seguida de un postre de prejuicios y un digestivo de correcciones.
En mi casa oscilo entre personaje cómico y adolescente pseudo artista estrafalaria. No se ocupan en percibirme; el problema es que yo sí los percibo a ellos. Y no me gusta. Lo peor de todo es que me lastiman mis opiniones sobre ellos…no sé de donde salí. Me siento producto de todos sus anhelos frustrados, de toda la libertad que se negaron y que ahora no están dispuestos a aceptar. Siento lástima por su estilo de vida, por su forma de sentir, por su manera de pensar…no quiero ser ellos. Por eso me duele aceptar peso tras peso que depositan en mi cuenta. No quiero sus limitaciones, ¿pero sí su Special K?; no quiero sus miedos ¿pero sí gasolina para mi coche?; ¿desde cuando el cariño, la confianza y las relaciones se miden en términos de poder?, ¿por qué siento que mientras los tenga cerca mis opiniones no son más que la última atracción de la nena consentida?
Siento que me desvanezco en esta casa. Igual que como me sentía con Alberto. Como si fueran incapaces de percibirme tal y como soy, como si toda la realidad que llevo dentro no fuera tomada en serio. Es una gracia más… “se le va a pasar”… “tiene veintiún años”…y, por eso, ¿ya no es real? Cambien o no en un futuro, mis creencias se sostienen por sí solas en mi realidad actual. Quisiera que me hubiera tocado en otro lugar, en que salirme de mi casa para construirme una vida real fuera normal y apoyado. Pero cuando les he dicho lo que siento no obtengo más que hombros alzados y ojos bien abiertos junto con una ligera mueca que me dice “chin, lo sentimos por ti”.
Quisiera pensar que existen quienes se sienten cómodos confiando en sus papás lo que sienten. Desafortunadamente, no es mi caso…Y de verdad no creo que sea su culpa. Ellos me han intentado dar todo desde lo que son y mis necesidades no cuadran dentro de sus esquemas. Intentar hacerlos ver sería como intentar que un ateo crea. No puedes transmitir la fe: la sientes o no. La verdad de todas las cosas es que mi personalidad, por más que me haga feliz, no se distingue por su fuerza; fácilmente se despinta cuando no está en el ambiente adecuado. Pero la acepto así porque precisamente por eso gozo de la sensibilidad que tengo…sólo debo ser eternamente consciente, para alejarme de los espacios y de las personas que me sean dañinas. Esas positivas, existen. Lo sé. Sonrío, ji. Algunos son parte de mi vida ya. Es maravilloso saberlo.
Veo mis fotos de adolescente, como de catorce, dieciséis, y estoy conforme…pero tan vacía. Mi sonrisa no se parece a la que muestro hoy; mi mirada ni siquiera había comenzado a ver. Siempre sentía, en el fondo del estómago y mis filosofías tutsi-pop que había algo más, algo que no alcanzaba a descifrar aún…pero que era real. Sabía que un día iba a poder entenderlo. Hoy es mío…sé qué es lo que quiero y cada vez mis vivencias se vuelven más reales. Me he despojado de incontables paradigmas que habían instalado en mi cabeza, para buscar que mis ojos sean míos…que no vean con las ideas de alguien más. Ha sido difícil y maravilloso vivir este proceso. Sigo en él…me falta un rato, quizá una vida…qué gusto.
Lo terriblemente frustrante es que mi esperado “más” se me presente como la zanahoria del caballo que nunca se puede alcanzar. La olfateo en mi vida diaria pero sé que aún no es mía. Libertad no es irme a tomar un café; libertad no es poder llegar una hora más tarde cada noche; libertad no es expresar mis opiniones en la mesa o haber podido escoger una carrera que me motivara. Libertad, para mí, es sentir que puedes vivir y que no tienes que responderle a nadie más que a ti mismo por ello. Libertad es reconocer cuáles de tus pensamientos nacieron de tu visión y cuáles te los has tragado…y te ciegan; libertad es identificar tus propios prejuicios y ponerlos a prueba (no siempre hay que descartarlos); libertad es abrirle la puerta a la incertidumbre y sentirte seguro de ti; libertad es estar porque así lo decides, no porque “debes” o “tienes que”. Aun no comprendo la libertad y sus limitaciones; de hecho creo que LA libertad no existe, pero MI libertad sí. Depende de quién soy lo que necesito para ser libre…qué tanto estoy dispuesta a comprometer con tal de sentirme “protegida”; qué tanto estoy dispuesta a arriesgar con tal de sentirme real. Pero al menos la busco. “Frenéticamente abres puertas”, dijo el otro día mi papá, “como si quisieras conocer TODO, y eso tampoco está bien.”. Si hubiera podido contestarle (si sirviera de algo)…abro las puertas que creo esconden un camino por el cual quiero caminar; miro en todas direcciones porque creo que el que la sociedad sea tan patética en muchos sentidos se debe a la falta de conciencia sobre las posibilidades que tiene cada uno para existir. Vivo entre un conglomerado de zombies, haciendo dietas y discutiendo sobre política, todos pensando como el artículo de moda del mes. Y son humanos…caray, qué desperdicio. Son humanos en potencial pero no se atrevieron a realizarse…o tal vez ni siquiera percibieron que tenían la opción. Y yo, que estoy tan estúpidamente consciente de lo que ofrece la oportunidad de existir, me siento frenada.
Basta. Las palabras sólo llegan hasta cierto punto. Sé lo que necesito hacer para liberarme…pero va a tomar tiempo, esfuerzo y amor. Tengo las herramientas que necesito; no voy a permitir que mis sentimientos me anclen en reflexiones inútiles. Mi paciencia me debe durar lo suficiente como para que mis acciones den resultados. Entonces volveré a escribir. (Aunque ya no sobre frustración…quizás sobre el esfuerzo J)
En mi casa oscilo entre personaje cómico y adolescente pseudo artista estrafalaria. No se ocupan en percibirme; el problema es que yo sí los percibo a ellos. Y no me gusta. Lo peor de todo es que me lastiman mis opiniones sobre ellos…no sé de donde salí. Me siento producto de todos sus anhelos frustrados, de toda la libertad que se negaron y que ahora no están dispuestos a aceptar. Siento lástima por su estilo de vida, por su forma de sentir, por su manera de pensar…no quiero ser ellos. Por eso me duele aceptar peso tras peso que depositan en mi cuenta. No quiero sus limitaciones, ¿pero sí su Special K?; no quiero sus miedos ¿pero sí gasolina para mi coche?; ¿desde cuando el cariño, la confianza y las relaciones se miden en términos de poder?, ¿por qué siento que mientras los tenga cerca mis opiniones no son más que la última atracción de la nena consentida?
Siento que me desvanezco en esta casa. Igual que como me sentía con Alberto. Como si fueran incapaces de percibirme tal y como soy, como si toda la realidad que llevo dentro no fuera tomada en serio. Es una gracia más… “se le va a pasar”… “tiene veintiún años”…y, por eso, ¿ya no es real? Cambien o no en un futuro, mis creencias se sostienen por sí solas en mi realidad actual. Quisiera que me hubiera tocado en otro lugar, en que salirme de mi casa para construirme una vida real fuera normal y apoyado. Pero cuando les he dicho lo que siento no obtengo más que hombros alzados y ojos bien abiertos junto con una ligera mueca que me dice “chin, lo sentimos por ti”.
Quisiera pensar que existen quienes se sienten cómodos confiando en sus papás lo que sienten. Desafortunadamente, no es mi caso…Y de verdad no creo que sea su culpa. Ellos me han intentado dar todo desde lo que son y mis necesidades no cuadran dentro de sus esquemas. Intentar hacerlos ver sería como intentar que un ateo crea. No puedes transmitir la fe: la sientes o no. La verdad de todas las cosas es que mi personalidad, por más que me haga feliz, no se distingue por su fuerza; fácilmente se despinta cuando no está en el ambiente adecuado. Pero la acepto así porque precisamente por eso gozo de la sensibilidad que tengo…sólo debo ser eternamente consciente, para alejarme de los espacios y de las personas que me sean dañinas. Esas positivas, existen. Lo sé. Sonrío, ji. Algunos son parte de mi vida ya. Es maravilloso saberlo.
Veo mis fotos de adolescente, como de catorce, dieciséis, y estoy conforme…pero tan vacía. Mi sonrisa no se parece a la que muestro hoy; mi mirada ni siquiera había comenzado a ver. Siempre sentía, en el fondo del estómago y mis filosofías tutsi-pop que había algo más, algo que no alcanzaba a descifrar aún…pero que era real. Sabía que un día iba a poder entenderlo. Hoy es mío…sé qué es lo que quiero y cada vez mis vivencias se vuelven más reales. Me he despojado de incontables paradigmas que habían instalado en mi cabeza, para buscar que mis ojos sean míos…que no vean con las ideas de alguien más. Ha sido difícil y maravilloso vivir este proceso. Sigo en él…me falta un rato, quizá una vida…qué gusto.
Lo terriblemente frustrante es que mi esperado “más” se me presente como la zanahoria del caballo que nunca se puede alcanzar. La olfateo en mi vida diaria pero sé que aún no es mía. Libertad no es irme a tomar un café; libertad no es poder llegar una hora más tarde cada noche; libertad no es expresar mis opiniones en la mesa o haber podido escoger una carrera que me motivara. Libertad, para mí, es sentir que puedes vivir y que no tienes que responderle a nadie más que a ti mismo por ello. Libertad es reconocer cuáles de tus pensamientos nacieron de tu visión y cuáles te los has tragado…y te ciegan; libertad es identificar tus propios prejuicios y ponerlos a prueba (no siempre hay que descartarlos); libertad es abrirle la puerta a la incertidumbre y sentirte seguro de ti; libertad es estar porque así lo decides, no porque “debes” o “tienes que”. Aun no comprendo la libertad y sus limitaciones; de hecho creo que LA libertad no existe, pero MI libertad sí. Depende de quién soy lo que necesito para ser libre…qué tanto estoy dispuesta a comprometer con tal de sentirme “protegida”; qué tanto estoy dispuesta a arriesgar con tal de sentirme real. Pero al menos la busco. “Frenéticamente abres puertas”, dijo el otro día mi papá, “como si quisieras conocer TODO, y eso tampoco está bien.”. Si hubiera podido contestarle (si sirviera de algo)…abro las puertas que creo esconden un camino por el cual quiero caminar; miro en todas direcciones porque creo que el que la sociedad sea tan patética en muchos sentidos se debe a la falta de conciencia sobre las posibilidades que tiene cada uno para existir. Vivo entre un conglomerado de zombies, haciendo dietas y discutiendo sobre política, todos pensando como el artículo de moda del mes. Y son humanos…caray, qué desperdicio. Son humanos en potencial pero no se atrevieron a realizarse…o tal vez ni siquiera percibieron que tenían la opción. Y yo, que estoy tan estúpidamente consciente de lo que ofrece la oportunidad de existir, me siento frenada.
Basta. Las palabras sólo llegan hasta cierto punto. Sé lo que necesito hacer para liberarme…pero va a tomar tiempo, esfuerzo y amor. Tengo las herramientas que necesito; no voy a permitir que mis sentimientos me anclen en reflexiones inútiles. Mi paciencia me debe durar lo suficiente como para que mis acciones den resultados. Entonces volveré a escribir. (Aunque ya no sobre frustración…quizás sobre el esfuerzo J)

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