Una fumadita: Publicado en ocho80 uia
(¿ficción?)
Voy a prender un cigarro. Sí. Eso es lo que necesito para poder dormir. ¿Dónde los puse la semana pasada? ¿Se los quedó Silvia? Ah no, en el cajón de mi buró…ya tengo que tirar todas estas pastillas caducas, al fin que ni sirvieron para quitarme los dos kilos que traigo encima. Aquí está. Listo. ¿Y el encendedor? Perfecto, quedan tres. Hasta hoy no se han fabricado cigarros que disminuyan los riesgos a la salud. Ja. Sería lo mismo decir, hasta ahora no se ha inventado una forma de que no pase el tiempo mientras giran las manecillas del reloj. O como los estúpidos fabricantes de papas, que te ponen en una esquinita, en letra ilegible, Coma frutas y verduras. Si ya estoy comprando sus papitas y, encima de todo, abro la bolsa para ver que me estafaron dándome la tercera parte de papas y el resto de aire, ¿cómo se atreven a darme consejos alimenticios? De ahora en adelante los colchones van a venir con una leyenda que diga Levántese temprano a hacer ejercicio o Cuente ovejitas. Hoy en día todo mundo cree que tiene derecho a decir todo lo que trae en la cabeza, como si fuera interesante. ¿Y mi libro? ¿Dónde lo dejé? Ah, pero los cigarros, aquí están. No, mejor no. Ya me acordé de la imagen esa tan desagradable que venía en la cajetilla canadiense: unos pulmones que parecen tener quemaduras de tercer grado… ¿un cigarrito? Esos sí se pasan. Y luego ves a los pobres viciosos metidos en un cubiculito de cristal como si fuera escaparate de exhibición. No ha de faltar la viejita con aires de superioridad y sabiduría que se pare en frente y los contemple como bichos raros. Los países desarrollados tienen las maneras más curiosas de ir hacia delante. Pero, ay, se me antoja tanto. ¿Una fumada o mis pulmones carbonizados? …tendría que estar idiota. Ya, ya, es malo para mi salud. Mejor los dejo aquí y le marco a Juan Carlos. Son las tres de la mañana, ¿estará en algún bar con sus amigos? Seguro lo pesco ahogado al tipo…tal vez así me explica por qué decidió terminarme, si supuestamente era su niña adorada; ¿le marco? Cuando no se ponía celoso era tan lindo…ay y esa vez que me llevó a ver la película esa (aburridísima) a la Cineteca…mi bohemio pulcro, guapísimo. Digo, ¿qué es lo peor que puede pasar?. Que no conteste…bueno, ¿y el papelito con el nuevo celular? Creo que está…¡madre mía, qué cantidad de envolturas de chocolate dejé aquí en el buró! ¿Y dónde demonios puse el teléfono entre todas ellas? Si es cierto lo que dijo esa niña en clase, los orgasmos no tienen tanto chiste…y yo que me zampé quince kit-kats en vez de comprar unos condones. Jaja. ¡Claro! Lo había anotado atrás de una de estas envolturas metálicas. 044.55.53 ¿en serio quiero esto? 87.65.23…Contesta…órale pimpollo…no me de…
“Bueno…” digo en tono de pregunta. Del otro lado se escuchan puros jadeos, “¿Rocky?” ¡¿le dejó el auricular al mugre mastín?!, seguro. “¿I-i-sa-bel?” me dice, con la respiración entrecortada, apenas con suficiente aire para musitar mi nombrecito. Oigo un gemido. Cierro los ojos y aprieto el teléfono lo más duro que puedo. Con el pulgar alcanzo a apretar el botón para cortar la llamada, más por reflejo que por voluntad propia. Me quedo unos minutos helada, sentada entre mis sábanas, con una decena de papelitos rojos sobre las piernas; siento cómo mi cara se empieza a mojar…
Las ediciones especiales de Camel son una estafa, saben a lo mismo: a nada. ´Total, plumón rojo, pulmón negro ¿a quién diablos le va a importar?
(¿ficción?)
Voy a prender un cigarro. Sí. Eso es lo que necesito para poder dormir. ¿Dónde los puse la semana pasada? ¿Se los quedó Silvia? Ah no, en el cajón de mi buró…ya tengo que tirar todas estas pastillas caducas, al fin que ni sirvieron para quitarme los dos kilos que traigo encima. Aquí está. Listo. ¿Y el encendedor? Perfecto, quedan tres. Hasta hoy no se han fabricado cigarros que disminuyan los riesgos a la salud. Ja. Sería lo mismo decir, hasta ahora no se ha inventado una forma de que no pase el tiempo mientras giran las manecillas del reloj. O como los estúpidos fabricantes de papas, que te ponen en una esquinita, en letra ilegible, Coma frutas y verduras. Si ya estoy comprando sus papitas y, encima de todo, abro la bolsa para ver que me estafaron dándome la tercera parte de papas y el resto de aire, ¿cómo se atreven a darme consejos alimenticios? De ahora en adelante los colchones van a venir con una leyenda que diga Levántese temprano a hacer ejercicio o Cuente ovejitas. Hoy en día todo mundo cree que tiene derecho a decir todo lo que trae en la cabeza, como si fuera interesante. ¿Y mi libro? ¿Dónde lo dejé? Ah, pero los cigarros, aquí están. No, mejor no. Ya me acordé de la imagen esa tan desagradable que venía en la cajetilla canadiense: unos pulmones que parecen tener quemaduras de tercer grado… ¿un cigarrito? Esos sí se pasan. Y luego ves a los pobres viciosos metidos en un cubiculito de cristal como si fuera escaparate de exhibición. No ha de faltar la viejita con aires de superioridad y sabiduría que se pare en frente y los contemple como bichos raros. Los países desarrollados tienen las maneras más curiosas de ir hacia delante. Pero, ay, se me antoja tanto. ¿Una fumada o mis pulmones carbonizados? …tendría que estar idiota. Ya, ya, es malo para mi salud. Mejor los dejo aquí y le marco a Juan Carlos. Son las tres de la mañana, ¿estará en algún bar con sus amigos? Seguro lo pesco ahogado al tipo…tal vez así me explica por qué decidió terminarme, si supuestamente era su niña adorada; ¿le marco? Cuando no se ponía celoso era tan lindo…ay y esa vez que me llevó a ver la película esa (aburridísima) a la Cineteca…mi bohemio pulcro, guapísimo. Digo, ¿qué es lo peor que puede pasar?. Que no conteste…bueno, ¿y el papelito con el nuevo celular? Creo que está…¡madre mía, qué cantidad de envolturas de chocolate dejé aquí en el buró! ¿Y dónde demonios puse el teléfono entre todas ellas? Si es cierto lo que dijo esa niña en clase, los orgasmos no tienen tanto chiste…y yo que me zampé quince kit-kats en vez de comprar unos condones. Jaja. ¡Claro! Lo había anotado atrás de una de estas envolturas metálicas. 044.55.53 ¿en serio quiero esto? 87.65.23…Contesta…órale pimpollo…no me de…
“Bueno…” digo en tono de pregunta. Del otro lado se escuchan puros jadeos, “¿Rocky?” ¡¿le dejó el auricular al mugre mastín?!, seguro. “¿I-i-sa-bel?” me dice, con la respiración entrecortada, apenas con suficiente aire para musitar mi nombrecito. Oigo un gemido. Cierro los ojos y aprieto el teléfono lo más duro que puedo. Con el pulgar alcanzo a apretar el botón para cortar la llamada, más por reflejo que por voluntad propia. Me quedo unos minutos helada, sentada entre mis sábanas, con una decena de papelitos rojos sobre las piernas; siento cómo mi cara se empieza a mojar…
Las ediciones especiales de Camel son una estafa, saben a lo mismo: a nada. ´Total, plumón rojo, pulmón negro ¿a quién diablos le va a importar?

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